sábado, 2 de marzo de 2013

Pequeñas historias de la Historia. "El Castro"


Para cualquier persona del pueblo, residente o no en él, la zona conocida como “El Castro” no deja de ser una de las muchas tierras que componen el término de Ufones. Esto sería así de no ser por el singular valor histórico (en este caso protohistórico) que encierra en sus entrañas. Y es que “El Castro” no deja de ser uno de los pocos yacimientos arqueológicos catalogado situado en el término de Ufones.

Allá por el año 1995 don Ángel Esparza Arroyo, catedrático de Prehistoria en la Universidad de Salamanca, gran conocedor de los castros zamoranos, y que en aquella época se encargaba de la realización del Inventario Arqueológico Provincial de Zamora, tras su visita a la zona pudo catalogar este castro. De ello da fe su registro tanto en el Servicio Territorial de Cultura de Zamora como la Dirección General de Patrimonio de la Junta de Castilla y León. Lamentablemente ante la falta de medios existentes no se ha podido ir más allá de la mera prospección (como sucede en la mayoría de los yacimientos de Aliste). Esta falta de estudios sobre la zona evidentemente limita el conocimiento y análisis del yacimiento, pero no lo impide.

Ante la actual ausencia de datación todo lo que podemos es establecer algunas hipótesis sobre su cronología. En opinión del profesor Esparza se trata de un castro de la Edad del Hierro, posiblemente algo más antiguo que el castro de San Juan en Rabanales (también próximo a Ufones). La Edad del Hierro abarca cronológicamente un periodo largo de tiempo, extendiéndose de una forma aproximada entre los siglos VIII y II a.C. A su vez se divide en dos etapas diferenciadas: Primera y Segunda Edad del Hierro. Aunque los límites entre una y otra son controvertidos, hoy en día los estudiosos tienden a establecerlo en torno a principios del siglo IV a.C. La diferencia singular entre estas dos etapas la proporciona el empleo del hierro, mucho más abundante en la segunda fase.

Si como Ángel Esparza sugiere el castro de Ufones pertenece a la misma época que los de Sejas o San Vitero y es algo anterior al de San Juan (Rabanales), estaríamos encuadrando el yacimiento dentro de la Primera Edad del Hierro, aunque insisto en que sólo se trata de una mera hipótesis. Debemos pues tomar como modelo el castro “El Cerco” de Sejas de Aliste para asimilarlo a nuestro castro. De “El Cerco” contamos con una datación cronométrica en base al carbono 14, que da como resultado unas fechas calibradas entre el 764 y el 204 a.C y una edad equivalente de 410 a.C. La diferencia entre fecha calibrada y fecha equivalente estriba en la mayor fiabilidad de la primera, aunque la edad equivalente es mucho nos aporta datos más precisos. De todas formas lo que nos interesa ahora es simplemente esbozar algunas hipótesis que puedan contextualizar el castro.

Podemos hacer algunas otras consideraciones respecto al yacimiento, como por ejemplo su extensión o la tipología del lugar. En cuanto a su extensión, y a través del reconocimiento superficial, el castro debe tener una superficie algo inferior a la hectárea. Recurriendo de nuevo al profesor Esparza, éste clasifica los castros zamoranos en función a su extensión en tres grupos: menos de 1 ha., entre 1 y 2 has. y mayores de 2 has. Por tanto el castro de Ufones se encuadra en el primer grupo, dado el reducido tamaño del mismo. De aquí podemos extraer un dato más: el de la población del asentamiento. Si consideramos los criterios de Esparza, que hace una estimación para los castros zamoranos de entre 160 y 200 habitantes por hectárea, se puede deducir que el castro de Ufones podría haber contado con una cifra que se aproximaría al centenar de personas, aunque, claro está, se trate una vez más de meras elucubraciones.

En cuanto a la tipología del lugar, el reconocimiento superficial también nos aporta alguna información. El castro, que está situado a 842 metros de altitud, cuenta con un buen control visual del entorno. Se emplaza en lo alto de una ladera en el margen derecho del río/arroyo Mena, con una orientación noroeste-sureste, quedando encajonado tanto por el lado norte a través del regato[1] Valongo, como por el sur con el regato de Fuente de las Colmenicas, que van a desaguar al Mena. La zona más expuesta es la de poniente, donde la pendiente del terreno es menor. La cercanía a los recursos naturales, en este caso recursos hídricos, era un factor importante, aunque no el único (otros factores lo constituían la altura, la orografía, la superficie disponible, recursos agrícolas, etc), que pesaba a la hora de elegir el emplazamiento.
 
                                                          En esta imagen se observa la diferencia de nivel perceptible
                                                             entre el terreno elevado del castro y el paraje colindante
 
Por otra parte en cuanto al hábitat del lugar, el alomamiento perceptible en el terreno debería corresponderse a la ubicación de la muralla, elemento característico de los castros. En principio, ante la ausencia de excavaciones y sólo a través del reconocimiento superficial del terreno, deberíamos plantearnos la idea de que la muralla constituya el único elemento defensivo, aunque no se puede descartar la presencia de algún tramo de foso en el perímetro del recinto, sobretodo en zonas más expuestas al pillaje y por tanto más vulnerables. De otros sistemas defensivos, de los que conocemos en otros yacimientos, como puedan ser las piedras hincadas[2], no tenemos ninguna constancia. En lo que se refiere a la arquitectura civil es difícil plantear ninguna hipótesis ante la carencia de datos. Todo lo más sería pensar de una forma lógica que en los materiales empleados en la construcción tanto de la muralla como de las viviendas tenga un papel destacado la piedra, muy abundante en la zona, como lo demuestran las investigaciones en algunos yacimientos zamoranos. De todas formas esto no impide pensar en la posibilidad de la utilización conjunta de diversos materiales como adobes y madera. En cuanto al tipo de viviendas también surgen dudas, siendo lo más habitual la preferencia por viviendas circulares, típicas de la Primera Edad del Hierro.

                                                                          Vista de "El Castro" desde "La Planiza"

Poco más podemos aportar ante la falta de estudios arqueológicos existentes sobre el lugar, labor que esperamos se produzca en un futuro próximo.


[1] En la comarca alistana reciben el nombre de regatos unos pequeños riachuelos de escaso recorrido.
[2] Del sistema de piedras hincadas tenemos constancia en algunos castros como el de Vivinera. Vid. Harbison, P., “El castro de Vivinera (Zamora) y sus piedras hincadas”, en Revista Zephyrus, 1968.

5 comentarios:

  1. Hola, mi teoría siempre ha sido que los castros de Aliste son romanizados porque la planta de las casas es cuadrada y no circular. Me gusta mucho el castro de Sejas, es espectacular, en el todas las plantas son cuadradas, con calles y caminos enlosados, murallas y líneas defensivas con piedras afiladas, con el detalle curioso de la protección de arbustos de espinos.Sino conoces el castro de Sejas te invito a explorarlo, mi grupo y yo estamos deseando hacer una prospección por Ufones. Excelente trabajo. Firmado: un reciente Bracarense

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    1. Gracias por tu aportación. La verdad es que no he estado en El Cerco, aunque he leído algunas informaciones sobre el mismo. Me encantaría poder visitarlo en el futuro. Seguro que merece la pena.
      Un saludo.

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  2. Enhorabuena por este gran trabajo de difusión de nuestro patrimonio cultural. Este es uno de los castros de Aliste en los que no he estado: tu reportaje me anima a acercarme un día a verlo, e imaginar como bullía la vida en aquel viejo poblado de hace más de dos milenos. Échale una ojeada al libro de Ángel Esparza sobre los castros del noroeste de Zamora (es anterior a la confección del catálogo arqueológico), seguramente dice alguna cosilla más de él.

    Donde si he estado es en el vetusto roble de la cabecera, ¡precioso!. ¿Le tienen algún nombre específico en el pueblo?

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    1. Hola Pedro
      Gracias por tu comentario. En el libro al que te refieres no aparece el castro de Ufones, ya que don Ángel no lo conocía en el momento de publicación. La catalogación fue posterior, creo que en el año 1995.
      El árbol de la foto se conoce en el pueblo como "roble de la Planiza", por llamarse así la tierra donde se sitúa. Aparte de su antiguedad es un ejemplar bastante raro. Y aunque no lo sepas, sí has estado o por lo menos has visto el castro, ya que dicho roble está a apenas 100 metros de él. Si te acercas a visitarlo fíjate en la alineación que existe entre la Planiza y el castro. Yo barajo la hipótesis de que el castro estuviera rodeado de un espacio, también cercado aunque con defensas menos consistentes, destinado para la salvaguarda del ganado. Desconozco si existe algo así en los castros alistanos.

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  3. ¡Qué tarde se catalogó! sobre todo teniendo en cuenta que el sitio se llama El Castro (no parece muy dificil preguntar en cada pueblo si hay algún sitio con ese nombre, independientemente de que se conozcan restos arqueológicos).

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